En el mundo empresarial solemos hablar de innovación, de inversión o de estrategia. Sin embargo, hay un ingrediente silencioso, invisible en los balances y en los discursos de inauguración, que separa los proyectos fugaces de aquellos que dejan huella: la perseverancia.
Emprender no es un camino recto. Lo habitual, cuando las cosas se tuercen, es plantearse si vale la pena seguir adelante, ya sea en lo personal o en lo profesional. Y, sin embargo, son aquellos que aguantan, que aprenden a esquivar obstáculos, que plantean soluciones y se niegan a abandonar, los que terminan construyendo grandes cosas.
Ese ha sido también el recorrido de Nexum Consulting Solutions, la consultora que cree a principios de año con un objetivo claro: ayudar a empresarios y directivos a mejorar sus negocios a través de una doble vía. Por un lado, transformar su forma de captar clientes; por otro, impulsar su rentabilidad mediante un análisis exhaustivo de proveedores, servicios, empleados y clientes.
A primera vista parecía sencillo. Mas de dos décadas de experiencia profesional parecían aval suficiente. Pero la realidad fue otra. Desde el minuto uno, emprender en España significó invertir: hacerse autónomo, pagar cuotas, constituir una sociedad, asumir gastos de notaria, gestoría, asesoramiento… y todo ello sin acceso a ayudas durante los primeros meses. A esto se sumaban la inversión en una web, dominios, material informático, oficina, desplazamientos… Y, por supuesto, la nómina, que sale del propio capital social y de la que una parte se va en impuestos y cotizaciones.
En medio de ese torbellino, la tentación de volver a la empresa privada estaba ahí. Pero la pasión por crear algo propio fue más fuerte. Porque emprender también es sembrar: buscar socios estratégicos, apostar por la calidad cuando el mercado pide precios imposibles, decir “no” a las chapuzas y “sí” a los proyectos que generan valor. Y, por supuesto, aprender de los errores: como por ejemplo no asegurar un pago inicial y tener que luchar después por cobrar.
La vida del emprendedor es así: innumerables llamadas y mails sembrando necesidades, noches en vela diseñando propuestas, creando estrategias digitales para diferentes tipos de empresas, redactando contratos de trabajo, formulando diferentes sistemas de retribución, desarrollando planes de carrera, o explorando cómo la inteligencia artificial puede revolucionar tanto la gestión empresarial como el rendimiento deportivo. Algunos proyectos prosperan, otros se quedan en el camino, y unos cuantos resultan más costosos de lo previsto. Pero todos enseñan algo.
Con casi un año de recorrido, el balance es claro: más allá de los impuestos y las horas sin dormir, la dificultad de captar clientes, emprender significa libertad. Libertad para elegir proyectos, permiso para aprender de los fracasos, derecho para disfrutar de los éxitos y, sobre todo, responsabilidad para aportar valor a la sociedad. Porque cuando un cliente mejora gracias al trabajo compartido, la satisfacción trasciende la rentabilidad.
Hoy Nexum encara el futuro con proyectos ilusionantes, algunos en marcha y otros en fase de diseño. Escalar el negocio, contratar talento y apoyarse en un sólido ecosistema de socios estratégicos ya no es un sueño lejano, sino el siguiente paso natural.
La fórmula, en realidad, es sencilla: foco, perseverancia, ilusión y conocimiento. Eso es lo que necesita cualquier emprendedor. Porque si todos aspiramos únicamente a ser empleados, funcionarios o beneficiarios de subsidios, ¿qué quedará de nuestro tejido empresarial?
El mundo necesita soñadores que se atrevan a construir, aunque el precio inicial sea alto. Porque de ellos dependen las empresas que mañana generarán empleo, innovación y progreso.